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Los DJ Awards se crearon para reconocer el talento, popularidad y peso cultural de los Dj’s en la actualidad.
De hecho, la figura del Dj como tal surge la Nochebuena de 1906, en que un compañero de Edison se convirtió en la primera persona en radiar un disco por las ondas.
Como grupo, el fenómeno Dj’s se remonta a los años 40 cuando los miembros de la Resistencia francesa ponían discos de jazz para irritar a los nazis y a un loco inglés del condado de Yorkshire se le ocurrió que la gente preferiría pagar por bailar con música enlatada antes que con una orquesta.
Desde estos inicios, en aquel entonces simplemente prometedores, la labor del Dj ha evolucionado hasta convertirse en un deporte que atrae a seguidores por todo el mundo, creando un universo de billetes en la pista de baile y de reyes al control de la platina.
Su aspecto descuidado no debe hacernos olvidar que actualmente los Dj’s son superestrellas. Todos ellos ganan mil dólares por noche mínimo, más un billete extra de avión para su publicista personal y una limusina para el peluquero de su perro.
Pero además de haber creado una nueva forma de ser una estrella del pop pagada en exceso, ¿por qué es tan importante el disc jockey? Lo que la mayoría de la gente olvida es que el Dj ha jugado un papel esencial en la evolución de la música.
Los historiadores de la cultura del pop han preferido ignorarlo y en su lugar se han dedicado a editar recopilaciones encuadernadas de 400 páginas analizando el repertorio de banquetas de piano de John Lennon. Pero si nos detenemos a examinar el fenómeno Dj desde un punto de vista histórico nos percatamos que durante 50 años o más el Dj ha sido un elemento crucial a la hora de ampliar posibilidades musicales. ¿Quién sino creó el house, el garage, el techno, el drum’n’bass y todos los estilos derivados de éstos? Pues los Dj’s, por supuesto.
¿Y quién creó las discotecas? Los Dj’s con unos inmensos altavoces. ¿Y el hip hop? Los Dj’s cortando y segmentando los ritmos de boggie. ¿Y el rock’n’roll? Rock’n’roll no es más que un nombre nuevo que surgió porque los Dj’s de la radio compraban lotes de discos de música negra local de estilos muy diversos que de otro modo no guardaban ningún tipo de conexión entre sí.
En el siglo transcurrido desde que surgió como tal, el Dj ha sido un elemento permanente en la oficina de patentes de la música popular.
Los fanáticos del rock intentarán argumentar que el Dj sólo puede utilizar discos que ya existen, que no puede crear nada si un músico no lo ha creado antes, pero este argumento ignora el hecho de que seleccionando, combinando, resaltando, se puede crear algo nuevo, y eso es exactamente lo que hace el Dj. Constantemente está buscando la música adecuada para que la gente no pare de moverse en la pista, fuerza sonidos existentes y produce formas totalmente nuevas, juntando continuamente elementos de un modo casual como ningún grupo musical podría hacer jamás.
En su tiempo libre, los Dj’s empezaron a soñar con formas completamente nuevas de grabar, distorsionando la tecnología con el fin de dar vida a su idea de collage musical. Secuestraron las llaves del estudio de grabación y su estrella no paró de crecer. La industria musical, al principio recelosa, se enamoró de ellos por sus remezclas de canciones y porque los nombres de algunos Dj’s se han convertido en marcas que venden a las masas colecciones de discos que de no haber sido así hubieran caído en el olvido.
Y cuando toda esta movida dio lugar al segundo verano del amor, la figura del Dj se encontró en el epicentro de una revolución a gran escala del negocio del espectáculo, dando origen con sus sesiones de drogas y baile a un cambio social tan grande como para hacer temblar a los políticos.
El trabajo de un Dj no consiste solamente en escoger unas cuantas melodías sino en captar las sensaciones de un grupo de gente y conducirles a un lugar especial. La música es una fuerza muy potente y, del mismo modo que cualquier genio del jazz, el Dj la utiliza para dirigir las emociones de su audiencia hacia un lugar mejor.
Un buen Dj es como un músico que improvisa; la única diferencia es que en lugar de notas se sirve de canciones, en vez de un solo magistral de 30 segundos, dispone de una secuencia de discos estremecedora de una, cinco, o incluso ocho horas. Sabemos que el Dj sólo es un mortal, pero cuando borra nuestra rutina con las sagradas percusiones y los bajos santificados casi nos atrevemos a pensar en él como en un Dios y estamos dispuestos a recompensarle adecuadamente.
©Bill Brewster -Frank Browghton
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